¿Cómo valoran los oyentes las aplicaciones de las radios españolas?.

En noviembre de 2016 se celebró en la Universidad Complutense de Madrid el VI Congreso de Periodismo en Red y para dicha cita desarrollé una investigación sobre la valoración que los usuarios realizan sobre las aplicaciones de las radios españolas desarrolladas para los dispositivos móviles. Este es un extracto del estudio que se ha publicado en el libro del profesor Jesús Miguel Flores Vivar, Periodismo en Nuevos Formatos.

La radio en la era de las apps
La radio ha realizado un doble esfuerzo para adaptar sus contenidos al consumo en este nuevo entorno que es Internet y, sobre todo, desde dispositivos móviles. Por un lado, se ha aprovechado la globalidad de este medio para distribuir simultáneamente y sin barreras sus emisiones en directo. Por otro, se ha desarrollado un nuevo sistema de contenidos que rompe con la lógica lineal de la radio tradicional, ofreciendo contenidos bajo demanda de los audios ya emitidos, con lo que se prolonga la efímera vida del directo y con lo que la radio se convierte en fragmentos de productos atemporales, tangibles, más fáciles de consumir, que incluyen nuevos elementos complementarios al audio como textos, imágenes, gráficos o vídeos.

Hasta finales del siglo XX el transistor, el coche y el walkman fueron los principales exponentes de la experiencia recepción radiofónica en movimiento. La escucha individualizada y móvil comenzaba a expandirse en el siglo XXI con su máxima eclosión a partir del desarrollo del concepto iPod y sus derivados (MP3, MP4, etc.), que se convirtieron también en una herramienta de la estetización de nuestros traslados, ofreciendo la posibilidad de ordenar nuestro entorno sonoro conforme al gusto, necesidad o manera de percibir el espacio (Bull, 2010, p. 55). Pero fue la llegada del iPhone de Apple la que amplía lo que había conseguido el iPod (Piñeiro-Otero y Videla Rodríguez, 2013, p. 71), integrando en una tecnología de telefonía móvil en un solo dispositivo de pantalla táctil, un micrófono, tecnología wifi, una cámara digital y una serie de juegos y aplicaciones especialmente diseñadas para los nuevos medios de comunicación. Y con el iPhone comienza la revolución de los smartphones (dispositivos móviles con conexión a Internet) y de la forma de navegar por Internet desde dispositivos móviles.

En los últimos años, tecnológicamente este ecosistema móvil ha pasado de una estructura totalmente abierta a un sistema articulado por los operadores y fabricantes de telecomunicaciones, que ocupaban una posición privilegiada, a una estructura centrada en la plataforma. Un proceso al que Ballon ha denominado “plataformización” (2009. p.16). En el impacto del ecosistema móvil en las industrias culturales se destaca: 

“La importancia de las plataformas móviles basadas en desarrolladores de sistemas operativos basa su éxito en la implementación de canales de distribución eficaces y en el subsiguiente control sobre el acceso de los usuarios al contenido y los servicios, lo que solía constituir el principal activo de los medios tradicionales en la época anterior a Internet.” (Aguado, Feijóo y Martínez, 2014, pp. 139-140)

Aunque Internet nace con un espíritu abierto y colaborativo, con la llegada de los sistemas operativos de los dispositivos móviles, las aplicaciones y la eclosión de las redes sociales estos valores se han visto truncados. “Las apps han sabido adaptarse mejor al entorno de los nuevos terminales móviles (smartphones y tablets), aportando mejores y más eficientes soluciones que las ofrecidas a través de la navegación web” (Pérez Subías, 2005, p.32).

Las clasificaciones existentes sobre apps de contenidos o mediáticas se han realizado por criterios de gestión comercial de categorías (utilizados en las tiendas de aplicaciones) o criterios de género/propósito (publicidad, información, entretenimiento,…). En este sentido, Scolari, Aguado y Feijóo desarrollaron un modelo de clasificación de las aplicaciones móviles de contenido según estos criterios (2013, pp. 91-93): género/propósito (noticias, publicidad, etc.); origen/adaptación, en las que estarían las de contenidos no adaptados (sin ninguna modificación para mostrarse), contenidos adaptados (que han sido ajustados para su visualización desde esta app), contenidos originales o específicos (diseñados desde su origen de forma específica para este entorno) y contenidos aumentados (que aprovechan las propiedades de los sistemas móviles para potenciar su valor, por ejemplo con geolocalización); estrategia narrativa, autónomos (no requiere de otra obra para su comprensión) o dependientes; origen narrativo, haciendo referencia al autor del contenido distribuido; almacenamiento/acceso, contenidos que pueden ser consumidos en directo vía streaming, por descarga o sistemas mixtos (cloud, situados en la nube y que pueden ser consumidos desde el dispositivo con tiempo limitado o no). Juan Miguel Aguado, Inmaculada Martínez y Laura Cañete-Sanz han creado una clasificación basada en cuatro áreas (2015, p. 790):

  • Área de reproducción: centradas en la reproducción de contenidos en los que a construcción narrativa tiene una dimensión relevante. Las apps que adaptan contenidos propios de otros medios.
  • Área de creación: las centradas en la creación e integración de distintas formas de textos narrativos (escrito, icónico, vídeo, sonido…).
  • Área de gestión: para la organización, almacenamiento y distribución de contenido (propio de los medios o creados por los usuarios).
  • Área de participación: orientadas a la interacción comunicacional entre usuarios (mensajería y redes sociales).

Al margen de las áreas consideradas por estos autores estarían también las aplicaciones de ocio y juegos, que podrían englobarse en una nueva Área de ocio, que tienen muchas descargas y engagement por parte de los usuarios. Algunos ejemplos de auténticos fenómenos han sido CandyCrush o PokemonGO, un juego que incluye parámetros de geolocalización del usuario y realidad virtual.

Los nuevos ecosistemas mediáticos están construidos sobre tres capas: plataformas, iniciativas empresariales y redes (Jarvis, 2015, p. 205). Siguiendo este razonamiento el desarrollo de las aplicaciones encaja perfectamente, puesto que las apps se integran y distribuyen a través de las distintas plataformas exclusivamente para sus sistemas operativos propios, ya sean Android, Windows, Apple, etc. y excluyendo al resto. Esto supone un esfuerzo empresarial, que debe optar por elegir las plataformas y realizar sus productos digitales para los usuarios de dichos sistemas. En cuanto a las redes se agrupan para compartir audiencia, publicidad, tecnología y otros servicios.

Los medios de comunicación y concretamente la radio no ha sido ajena a este proceso de acceso global a través de los dispositivos móviles: 

“La radio ha retomado con las aplicaciones la funcionalidad que tuvieron los primeros transistores, algo que se había dado con otro tipo de reproductores de mp3 o con los móviles con receptor de FM aunque siempre limitado a zonas geográficas. Con las aplicaciones, el oyente puede escuchar desde una radio local hasta una radio que esté emitiendo en directo al otro lado del mundo”.(Espino y Martín, 2012, p.81)

En España el número de líneas móviles llegó a su cenit en 2014, superando los 50,8 millones, lo que supone que había más líneas móviles que población. En el último trimestre de 2015, la penetración del móvil en España se mantenía en el 109,2%, de los que el 87% eran smartphones, sitúando a nuestro país en la primera posición a nivel europeo. En cuanto al sistema operativo, el más utilizado es Android, con un índice de penetración del 84% en 2015, seguido muy de lejos por iOS (descendiendo un punto frente al año anterior), según los datos publicados en el informe realizado anualmente por Ditrendia (2016, pp. 14-16).

Analizando el consumo del uso de las apps en España en este estudio publicado en julio de 2016, se observa que para la navegación móvil supone el 89% de tiempo dedicado a los smartphones. En 2015 existían un total de 27,7 millones de usuarios de aplicaciones, lo que supone unas 3,8 millones de descargas diarias y una media de aplicaciones por dispositivo de 13,2 (Ditrendia, 2016, p. 37).

  • En lo que respecta al consumo online de la radio, la consultora GFK realizó en 2015 un informe interno para PRISA Radio mediante encuestas en paneles online realizadas a heavy-users (usuarios que consumen mucho volumen y frecuencia de información) en Internet. Entre los principales resultados establecía que el 54,2% de los usuarios escuchan radio a través de aplicaciones móviles (32,2% a través de las apps oficiales de las emisoras y el 21,6% mediante apps de agregadores (GFK, 2015, p. 14). Con ello se observa que existen varias categorías de aplicaciones de radio. Siguiendo a Espino y Martín (2012, pp.81-83) se diferencian entre:
    Específicas de cada radio. En general las principales cadenas de radio poseen aplicaciones para las principales sistemas operativos que permiten escuchar en directo la emisión en directo o acceder a archivos sonoros como podcast (audios a la carta) e información de la parrilla de programación. Algunas completan su oferta de servicios con noticias, e información de autopromociones.
    Agrupación de diferentes radios. Muchos teléfonos móviles de última generación no poseen receptores de radio. Estas aplicaciones aglutinan numerosas radios que pueden ser escuchadas siempre mediante conexión a Internet. Se presentan como una escucha alternativa pero más completa ya que permiten el acceso desde el mismo punto a todo el directorio de emisoras. Una de las aplicaciones agregadoras más conocidas es TuneIn Radio.

El aspecto vertebrador de este análisis es el usuario que aporta su valoración porque, en este nuevo ecosistema digital, la participación produce un cambio y un usuario o usuaria activo puede ejercer influencia sobre otros usuarios y dinamizar en un sentido o en otro la relación entre usuarios y los medios (Muñoz, 2010, p. 14).

Contribución científica

Las aplicaciones de radio desarrolladas por las diferentes emisoras en España no tienen una posición relevante en las plataformas de distribución digital de aplicaciones. La radio en estos entornos suponen un 0,5% del top de la apps más descargadas en las dos principales plataformas para sistemas Android (Google Play) e iOS (App Store) y en este ranking las aplicaciones más significativas son las agrupadoras, que ofertan un importante número de señales de emisoras nacionales, internacionales, regionales y locales.

Las apps dedicadas a la radio reciben una alta valoración y un sentimiento positivo en los comentarios por parte de los usuarios, siendo los oyentes de dispositivos iOS más estrictos en sus valoraciones. Especialmente las aplicaciones que agrupan varias emisoras obtienen un notable y ninguna de ellas suspende. Las apps desarrolladas por las emisoras generalistas y temáticas también obtienen una nota media de notable y bien y de las 28 aplicaciones analizadas desarrolladas por radios suspenden 9 y todas ellas por usuarios de Apple Store.

En el terreno de las aplicaciones de radio se refleja el conflicto latente entre los medios tradicionales y el consumo de los usuarios en el sector Internet, que apuestan por distribuidores independientes multimarca.

A la vista de la aceptación de las aplicaciones agregadoras de radio se podrían plantear varias discusiones y futuros análisis:

  • Evaluar el esfuerzo realizado individualmente por cada radio para desarrollar y mantener su propia aplicación y la conversión de usuarios y beneficios de marca.
  • ¿Tendría sentido una alianza de las radios españolas para el desarrollo de una plataforma única y así agrupar y ofrecer a los usuarios todas las señales y contenidos desde el mismo software y compartir un modelo de negocio?
  • Si las aplicaciones de radio ofrecieran contenidos exclusivos a través de estos canales en lugar de realizar adaptaciones de los contenidos ya difundidos y/o publicados, ¿conectarían con nuevos usuarios y aumentarían su engagement con las marcas?
  • ¿Qué sucedería si todas las aplicaciones agrupadoras de radio ofrecieran curate content, contenidos recomendados editoriales además de esos accesos rápidos a las emisoras o contenidos a la carta?
  • Tan solo iVoox es la única aplicación de radio de las analizadas que solicita el registro de usuario, ¿por qué el resto no lo solicitan? ¿El usuario de aplicaciones de radio cedería sus datos para obtener unos contenidos más personalizados?
  • Es curioso pero solo se está explotando el modelo gratuito. ¿Cabría la posibilidad de crear nuevos modelos de pago por determinados contenidos y funcionalidades (modelo freemium) como ya han desarrollado otras aplicaciones musicales? Otro modelo que podría explotarse sería el del consumo de datos, gratuidad para el usuarios y/o escucha offline pudiéndose realizar alianzas con las empresas operadoras de los servicios de Internet.

Igual que existen aplicaciones para buscar, grabar, almacenar, catalogar e interactuar con los contenidos de “tu dieta de televisión” (González y Rodríguez, 2015, p. 119), ¿el futuro de la radio online está en la app que sea capaz de ofrecer tu dieta de audios?

Lourdes Moreno Cazalla

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