Lorca, justicia poética y La Novia.

Justicia poética, Lorca vuelve a estar de moda. En 2015 se han estrenado dos adaptaciones que han servido de inspiración y motor, la ópera El Público y la película La Novia. Es portentoso que la poesía resurja en medio de la zafiedad reinante. Es de agradecer la valentía de Pilar Ortiz con su particular visión de Bodas de Sangre que provoca un pellizco en el pecho, lírico, hipnótico y doloroso.

Cuando la reina de la taquilla es una comedia española, llega una tragedia clásica. Decía García Lorca que “Hay que volver a la tragedia. Nos obliga a ello la tradición de nuestro teatro dramático. Tiempo habrá de hacer comedias, farsas. Mientras tanto yo quiero dar al teatro tragedia”. Esta es una tragedia muy aristotélica devenida como una consecuencia y castigo inevitable por la pasión incontrolable con éxodo incluido, el odio entre familias a lo Monteso y Capuletos y la fatalidad poética de un destino del que ninguno puede escapar. Lorca sigue siendo un poeta moderno, vanguardista y a la vez el mejor experto de lo viejo, de la Andalucía milenaria, la oculta, la enraizada. Para Ortega y Gasset, “Uno de los datos imprescindibles para entender el alma andaluza es el de su vejez. No se olvide. Es, por ventura, el pueblo más viejo del Mediterráneo, más viejo que griegos y romanos”.

“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre. Han de ser tan humanos, tan horrorosamente trágicos y ligados a la vida y al día con una fuerza tal, que muestren sus tradiciones, que se aprecien sus olores, y que salga a los labios toda la valentía de sus palabras llenas de amor o de ascos”.

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Así es La Novia. La poesía de la obra original ha sido potenciada con una excelente dirección artística y la música trémula de Shigeru Umebayashi. Todo el elenco aporta un aire lírico y nuevo tanto a los elementos más simbólicos como a los convencionalismos de las costumbres representados por los personajes, sobre todo, los femeninos.

Así es La Novia. Inma Cuesta parece nacida para ser los ojos de la andaluza sufridora y reflejar ese mundo femenino milenario rezumando realismo y verdad. Su interpretación acepta la parte dionisíaca y busca “al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre”. Y no se doblega, no piensa enmendarse y si volviera a ocurrir, actuaría de la misma forma. En pleno siglo XXI, la tragedia no está en la muerte, ni el fin de la estirpe, ni siquiera el honor mancillado. La verdadera tragedia es la dolorosa justicia poética en el castigo desmedido por ejercer libertad.
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“El poeta es el ser que acaso carece de límites corporales. Su silencio repentino y largo tenía algo de silencio de río, y en la alta hora, oscuro como un río ancho, se le sentía fluir, fluir, pasándole por su cuerpo y su alma sangres, remembranzas, dolor, latidos de otros corazones y otros seres que eran él mismo en aquel instante, como el río de todas las aguas que le dan cuerpo, pero no límite”. Aleixandre.

Lourdes Moreno Cazalla

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